El calor extremo adelantado dificulta la reproducción de golondrinas, aviones y otras aves

 

SEO/BirdLife nos advierte de que las altas temperaturas y la falta de lluvia afecta también a las aves. En concreto, destaca la dificultad para las golondrinas y aviones, que necesitan barro para la construcción de sus nidos. Imagen: 1. Golondrina cogiendo barro. ©SEO/BirdLife

 Un nido completo de avión común puede requerir más de 2.500 bocados de barro, para lo que la pareja puede llegar a realizar más de 5.000 viajes entre el lugar donde encuentra el barro y el lugar de construcción del nido. ¡Un esfuerzo enorme!

 Además, el calor intenso puede provocar que algunos pollos salten de sus nidos antes de tiempo para combatirlo, especialmente aquellos que estén en un nido en el interior de una oquedad de un edificio.

Las temperaturas excepcionalmente altas para la época del año que se están registrando estos días en España, con valores propios de verano, pueden tener graves consecuencias para las aves silvestres, como las golondrinas y aviones.

Nido avion común. ©SEO/BirdLife

SEO/BirdLife pone de manifiesto que este calor extremo y la falta de lluvias en pleno inicio de la temporada de cría de las aves puede tener consecuencias en el éxito reproductor de las poblaciones de distintas especies que utilizan el barro para construir sus nidos, como los aviones o las golondrinas. “Cada nido de golondrina o avión está realizado a base de pequeños bocaditos de barro transportados en el pico de los afanados padres. Estas aves toman un pedacito de barro, lo “mastican” bien para homogeneizarlo y expulsar las bolsas de aire que pueda contener y lo depositan cuidadosamente en el nido en construcción”, explica Luis Martínez, técnico de SEO/BirdLife. 

La cantidad de barro que pueden transportar en su pico es muy limitada y un nido completo de avión común puede requerir más de 2.500 bocados de barro, o lo que es lo mismo, la pareja puede realizar más de 5.000 viajes entre el lugar en el que consiguen el barro y el lugar de construcción del nido durante las dos semanas dedicadas a concluir la obra.

En Adoronews.com damos fe de ello porque tenemos nuestra propia familia de golondrinas, en un porche de una casa en la Sierra Oeste madrileña. Son golondrinas daúricas, a las que vimos hacer su nido durante varios días, más de una semana, sin parar, llevando los pegotitos de barro en el pico, hasta completarlo, en mayo de 2020. Cuando llega el frío se marchan, pero al año siguiente vuelven, como decía el poeta. Desde entonces, aproximadamente por el mes de abril regresan a su nido, y nos alegran con su revoloteo, o viendo cómo alimentan a sus polluelos. ¡Son de lo más simpáticas! Y nos conocen… A veces se posan en el cable del porche de delante e interactúan piando, hasta que salgo a verlas. ¡Una pasada! (yo digo que soy «madre de golondrinas», las siento «mis niñas»).

Murciélagos okupas en nido de nuestras golondrinas daúricas

Por cierto que vivimos en directo una ocupación animal, porque un día vimos una sombra negra en la puerta del nido y las oíamos piar. Fijándonos con atención lo negro era el cuerpo de un murciélago. Nos subimos a una escalera y con unas pinzas y mucho cuidado de no dañarlos, fuimos sacando aquel tapón negro, y salió volando el primer murciélago, el segundo, el tercero, el cuarto… el sexto, y después nuestra pareja de golondrinas, que estaban atrapadas dentro. ¡Algo increíble!

Calor y falta de agua

La ONG advierte de que, en un escenario en el cada año se destruyen (legal e ilegalmente), cientos de nidos de estas especies, la falta de barro para rehacer los nidos agrava la situación dificultando su ciclo reproductivo.

Además, el calor puede hacer saltar prematuramente de sus nidos a las crías que ya han nacido y genera un sobreesfuerzo para los adultos que, si el nido está expuesto al sol, intentarán proteger a sus polluelos creando una sombrilla con su propio cuerpo y alas. 

Asimismo, hay que tener en cuenta los efectos que la falta de lluvia va a tener sobre la vegetación, que verá limitado su crecimiento y floración para sobrevivir en condiciones de estrés hídrico y, ofrecerán menos recursos a las aves.

¿Qué se puede hacer para ayudar a las aves frente al calor?

Como sucede con las personas, el calor somete a las aves a un gran estrés fisiológico. 

  • Para afrontarlo necesitan fuentes de agua donde beber para rehidratar su organismo y en las que poder darse baños refrescantes. El gesto más sencillo para ayudar a las aves a hacer frente al calor es facilitarles agua en ventanas, terrazas o jardines, en un recipiente adecuado y accesible para ellas, como un simple plato de maceta.
  • Para paliar la escasez de barro para que los aviones y las golondrinas construyan sus nidos, se pueden habilitar enclaves con barrizales adecuados donde puedan recoger el barro que necesitan para formar la estructura del nido, intentando que sea lo más cerca posible a las zonas de nidificación para evitar una pérdida excesiva de energía en los trayectos para el transporte del material.

El agua es un recurso cada vez más escaso en general y, en los entornos urbanos, pese a que existen numerosos puntos de agua, muchas veces son de difícil acceso para las aves.

Urge que las ciudades sean verdes

En general, si las administraciones públicas tuvieran en cuenta la biodiversidad en el diseño y en la gestión del espacio urbano, este sería mucho más amigable para la fauna y también para las personas. Por sus características y a escasez de barreras naturales para amortiguarlos, las ciudades son especialmente vulnerables a los efectos de la emergencia climática, como las olas de calor”, asegura Beatriz Sánchez del programa de Biodiversidad Urbana de SEO/BirdLife.

Está sobradamente demostrado que las soluciones basadas en la naturaleza (SbN), son más eficientes y económicas que las tradicionales para combatir estos efectos. Por ejemplo, el arbolado urbano puede ayudar a enfriar el aire entre 2 y 8 grados, reduciendo así el efecto de «isla de calor”, recuerda Sánchez.

Por otra parte, numerosas investigaciones demuestran que vivir cerca de espacios verdes y tener fácil acceso a ellos puede mejorar la salud física y mental de las personas. Asimismo, la riqueza de especies de aves se relaciones positivamente con la satisfacción de vida de los europeos, según una investigación reciente, y las aves son un excelente indicador de la salud de los ecosistemas y de las personas.

En definitiva, necesitamos ciudades más verdes y esto es algo que deberíamos tener en cuenta al revisar los programas electorales de cualquier formación política de cara a las próximas elecciones”, concluye Sánchez.

 

 


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